La pregunta anterior ya pone encima de la mesa una premisa no del todo cierta . “Soy demasiado tímido”. Cabría preguntarnos lo siguiente: ¿Siempre soy tímido? ¿En todas las ocasiones? ¿De la misma forma?

Quizá seas más tímido en una clase nueva, o en un nuevo trabajo. Quizá te consideres menos tímido en una reunión con tus primos o con tus amigos de toda la vida. Puede ser que te de mucho “corte” pedir la hora a un desconocido, pero sin embargo no tengas problema alguno en pedir sal a tu vecino de enfrente.

Puede que tu timidez se dispare en situaciones en las que tienes que hablar de ti mismo, o que sea solamente delante de gente que no conoces, o que se refiera a situaciones en las que sientes que pueden juzgarte.

Puede ser que te sientas incapaz de apuntarte solo a las clases de guitarra de tu barrio y que, sin embargo, en el aniversario de tu tía Juani cojas una guitarra y te arranques por bulerías sin necesidad siquiera de una copa previa delante de sus vecinos del pueblo.

Por tanto, “Suelo comportarme de forma tímida en determinadas situaciones" sería una expresión menos habitual, pero bastante más acertada.

Es muy importante tener en cuenta esta distinción. No debemos explicar nuestro comportamiento debido a factores internos (timidez) que no tienen en cuenta nuestro contexto o nuestras circunstancias.

Cuando decimos, por ejemplo, que una persona es muy sociable, deberíamos entender que suele comportarse de forma sociable. Esto va a depender siempre del contexto y de la situación. Probablemente esa misma persona a la que etiquetamos como “sociable”, no se comporte de la misma manera cuando esté en el cumpleaños de un amigo de su barrio que cuando esté esperando en la sala de espera del dentista.

¿Qué son las habilidades sociales? 

Es importante entender que las habilidades sociales son comportamientos muy concretos que nos ayudan a comunicarnos de manera más eficaz, y hacen que nuestras relaciones sean más satisfactorias aumentando nuestro bienestar.

Es necesario entender también que nos comportamos de determinada manera, no “somos” de esa manera. Etiquetar nos da una definición muy pobre sobre nuestro comportamiento y muchas veces genera indefensión y nos limita: (“Total, nunca voy a poder hacerlo, soy muy tímido”). 

Este pensamiento nos lleva a evitar ciertas situaciones, lo que a la vez conduce a que nuestro miedo se vea reforzado. Por otra parte nunca pone a prueba nuestra "supuesta incapacidad" para comportarnos de otra manera. 

Hemos aprendido a comportarnos como lo hacemos debido a nuestra historia personal, pero podemos aprender a hacerlo de una forma más adaptativa para adecuarnos mejor a nuestro entorno.

¿Qué hago si mi timidez me impide hacer cosas que son importantes para mí?

La timidez puede hacernos sentir inseguros o ansiosos ante ciertas situaciones, y por tanto, puede limitarnos ya que muy probablemente, tendemos a evitar las situaciones que nos generan ese malestar.

A pesar de que habría que valorar cada caso concreto y poner en marcha una intervención específica, hay algunas pautas que podrían ayudarte a vencer esa timidez.

Es importante saber en qué situaciones se desencadenan en ti sentimientos de vergüenza o ansiedad y analizar qué pasa exactamente entonces. (¿Te genera ansiedad hablar delante de una audiencia? ¿Ir a un cumpleaños en el que solamente conoces a una persona? ¿Entrar solo a un bar o a una sala de cine?).

Genera una lista en la que describas esas situaciones en las que sientes que tu timidez te impide actuar.

La lista que confecciones debe ser lo más personalizada y específica posible. En ella tienes que incluir todas las situaciones en las que sientes que tu timidez te está limitando.

Ordena tu propia lista con las situaciones que tú mismo has descrito de menor a mayor (de aquellas que te generan menor ansiedad a las que te generan más) y desglósalas.

Por ejemplo:

Interactuar con un desconocido.

(Menor ansiedad)             

Acudir a una reunión en la que no conozco a nadie. Intervenir en una reunión en la que no conozco a nadie.

Realizar una exposición en público.

   (Mayor ansiedad)

                                                                                                                                                                                                                             
Comenzaríamos por seleccionar aquella que nos genera menos ansiedad:

“Interactuar con un desconocido” e iríamos marcando pequeñas metas y objetivos, por ejemplo, empezar a saludar a los vecinos y preguntar qué tal están.

Tendríamos que empezar a hacer esto varias veces a la semana (dos o tres), y sería importante que apuntásemos en un papel el nivel de activación (nervios) que sentimos antes y después de hacerlo.

A medida que vayamos poniendo en práctica la interacción, el nivel de activación y malestar que sentimos debería reducirse.

Poco a poco, podríamos ir enfrentando esas situaciones que nos generan malestar y aproximarnos a ellas de una forma más adaptativa.

Este camino no es fácil y podemos necesitar el acompañamiento de un terapeuta.

Si necesitas ayuda para poner en práctica nuevas habilidades, no dudes en contactar conmigo.